DEA VULNERATA UT SANGUINIS PAPISA HOMINIS MENTE REGNABIT (S. MALAQUÍAS)

jueves, 21 de junio de 2007

Y me limpiaba la sangre del cuchillo en los muslos. Era tan densa y negra que se quedó pegada a la piel como brea. Los goterones parecían sanguijuelas muertas en salud con el estómago lleno, sin embargo mi calor las había secado y estaban a punto de desprenderse del fino vello rubio. Sin duda acababa de rematar una buena faena.

No tenía fuerzas ni para sosternerme en pie y me tumbé en el suelo con la cara vuelta hacia la ventana.

La sangre, como testamento de Pavlov y Ego, había dejado impresos mapas imposibles en mi piel; anegó la brújula que guiaba los puntos cardinales de mi cuerpo, la latitud y la longitud no tenían sentido en este extraño mundo rojo. El murciélago de mi pecho derecho se comía al pajarito de mi lado izquierdo; como colgado del árbol del mal, un manantial de sangre estancada, sin ojos, devoraba el cuerpecito débil que aleteaba en una ladera poco pronunciada. De su pico goteaba un hilo suave que recogía el hueco que se formaba entre mis costillas y mi ombligo; el líquido de la vida recién cortada de dos perros, intacto y quieto, rebosaba y luego se derramaba dócilmente en dos ríos opuestos y gemelos, que entraban ocultamente en la cintura ciñéndola con un cíngulo escarlata y de cuyos cauces goteaban hilillos que seguían con la perfección de un compás la curva pronunciadísima de mis caderas.


De un planeta siniestro, donde reina el instinto de un poderoso animal sin inteligencia, poblado de efervescentes espigas en duras colinas y dóciles algas de un mar que no conoce el sol; con patas de ave zancuda para caminar en el lodo, con más pies que un ciempiés para trepar desde el ombligo a la garganta, con pico de colibrí para libar la curiosidad, con las raras alas de un grifo para envolver incautos, con labios de sirena para encantar, con garras de tigre para rajar espaldas de arriba a abajo, con dientecillos de roedor para mordisquear poco a poco la razón; borbolloneaba un manatial oscuro, todavía tibio, que se abría camino entre mis piernas, aliviando mi calor de matadora reciente.

El río más caudaloso discurría remansándose plácidamente en las dársenas de las rodillas, al llegar a mis tobillos se multiplicaba en inmunerables agujillas blandas por los caminos que le abrían mis venas dilatadas. Los afluentes que encontraban un camino sin obstáculos en la piel desembocaban enre mis dedos y después fluían libres por las rendijas del entarimado. La vida de Pavlov y Ego corría por mi cuerpo, exhalando su perfume de maldad, había libertado la valiosa esencia del mal de dos cuerpos asquerosos, pegados a la tierra, libre al fin de dos almas insignificantes, más feliz de lo que nunca había sido, estoy segura.

Pero yo, como ofrenda de sacrificio al cuchillo, en un acto de inmolación extremo, había roto el espejo. A partir de ahora voy a echar de menos desesperadamente anegarme en sus aguas.

Había concluido otro de mis actos criminales, ni mejor ni peor que otros, ya estaba acostumbrada. Los vagos recuerdos del pasado mitigaban la sensación de novedad, pero lo importante era que una vez más me sentía satisfecha y podría conciliar el sueño que hacía mucho tiempo que me había abandonado. Mientras el sueño llegaba no podía apartar la vista de la luna. Inconscientemente hundí el índice en el trigal y espanté a todos los animales. El dedo, de la tierra al agua. Un siseo de arriete certero anegado en el fango rojo, burbujeando entre las espigas, me llegó débilmente hasta el oído. Al runrún de las algas jugosas que rodean las orillas, sorteo los arrecifes de coral menos profundos, toco la dura curva de la madreperla, rozo el vientre hinchado de un caballito de mar, me mezo adormeciéndome plácidamente, alzándome en un vuelo hacia la luna sobre brillantes cúpulas medio ensangrentadas. El iris de la luna se relame en mi piel, en mis dos iris lunares de pétalo rosado, se refleja su única pupila neblinosa y en los trozos de espejo roto, cristales de vello oblícuo. Entonces abrí l

1 comentario:

Sergio Aguilar Molina dijo...

Me gusta el erotismo que desborda, incluso dentro de la escena dantesca. Hay algo aterrador y a la vez ... excitante. Excitante porque plasma un momento supremo, un éxtasis diabólico.
Me ha encantado.