Tenía bien aprendida la ceremonia de la apariencia, la ceremonia de la complacencia, tenía público y decorado, ninguno de los dos estaba a mi altura, pero estaba vestida como el día que conocía a Howard, de violeta de mar y cielo de una tarde de verano en la playa, una tarde de finales de los cuarenta purificada del humo de los bombardeos, pero todavía asfixiante para dos enamorados, cuando tumbados en la arena miran como la línea del horizonte se funde, se encoge sobre sí misma, se sepulta entre jirones color pastel matizados de rojo anaranjado para por fin no distinguirse. Era suficiente. Si cierro los ojos puedo ver el mismo sol purificado de hace tantas décadas. Me imaginé que actuaba sólo para él, para mi único amor no criminal. Si, reconozco que fui débil, la catatonía me había restado más fuerzas de lo que yo había creído y tuve que ensoñarme con un hombre, empapado de violeta de agua de sal y aire rojizo que tenía en su mirada todo el calor de la canícula, para no cometer una barbaridad a la vista de todo el mundo. Me contuve por segunda vez batiéndome cuerpo a cuerpo con mis recuerdos sujetando al feroz deseo entre los dientes y probé a arrebatarle a la memoria fotogramas de alguna buena película que me guiara hacia un porvenir que me hacía feliz.
Tuve otra de mis inquietantes visiones. Fue también muy rápida, pero mucho más nítida y supe con certeza que más que una ensoñación, era un fiel fragmento de mi vida que se había desprendido del devenir del tiempo.
Me vi en un futuro no muy lejano, blanca y desnuda, resplandeciendo contra la oscuridad de la noche, satisfecha y feliz, admirando mi piel brillante y húmeda por el alcohol. Le decía a la luna:¿ves?, mi luz puede ser tan fuerte como la tuya si me lo propongo"; y le sonreía haciéndola cómplice de la brutalidad que acababa de cometer porque me había dejado sola, ni un rayo de luz me había prestado. ¡bien poco te pedía y tú me lo negaste!, ¿ya te olvidaste de aquella noche de mayo de cuarenta y tres cuando, cristalina y pura, tan ebria de gozo como yo, te mirabas en todos los espejos?
DEA VULNERATA UT SANGUINIS PAPISA HOMINIS
MENTE REGNABIT
(S. MALAQUÍAS)
viernes, 8 de junio de 2007
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2 comentarios:
La percepción la arrastra hacia la evasión de lo que la rodea: la catatonia y las visiones, los recuerdos y las ensoñaciones son herramientas de una mente que no encaja con el mundo en el que vive.
Por cierto, fascinante el párrafo final... incitante de alguna forma. ;-)
Gracias, espero seguir siendo fascinante.
Con respecto a la mente que no encaja yo más bien lo interpreto como que es una vuelta de tuerca a la realidad, está más allá...:)
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