DEA VULNERATA UT SANGUINIS PAPISA HOMINIS MENTE REGNABIT (S. MALAQUÍAS)

martes, 5 de junio de 2007

..cadas; la saliva, excitada por la rabia del momento, afluía a mi boca en espumarajos dulces como la miel y me impedía hablar con normalidad, y la piel de seda de mis manos, antes blanca como la nieve y ahora cubierta de la finísima telilla gris azulada consecuencia de un estado catatónico prolongado, se encalleció de repente debido al contacto con Ego.

Después de ser profanadas todas las fibras de mis cinco sentidos, mi cuerpo perdió peso, masa y consistencia tal vez, no sabría precisarlo, pero más que eso se volvió volátil, dejé de tener conciencia de que tenía brazos y piernas, de que me podía valer de ellos y salir caminando cuando quisiera. Mientras tanto mi cabeza, ajena a todo lo que pasaba por debajo del cuello, permanecía dentro de una campana de porcelana y fuera un demonio burlón, rojo y enano, encaramado a su jiba, la golpeaba a cada rato con sus puñitos sañudos.

No podía concetrarme dentro de aquel mar de vibraciones que socavaban mi sensibilidad, ni dejar de mirar mis manos manchadas de la peste de Ego. Sigilosamente, un segundo buitre del deseo hibernante salió de su escondrijo más feroz que el primero, voló unos minutos interminables sobre mi cabeza y desplegó unas alas enormes sobre mí. Como un ángel luciferino me cobijó bajo ellas a salvo del vapor decadente que emanaba Nínive y su sombra me impidió ver los reflejos espectrales que buscaba huecos entre la piedras del granito para sacar sus manos fantasmales y agarrarme por los tobillos. El buitre del deseo me protegió como lo hubiera hecho una madre, la presión en los tobillos que me arrastraba hacia abajo cedió y me dormí de pie bajo al arrullo de sus alas. ¡Qué placer inmenso poder clavarles mi tacón de aguja, traspasándoles el velo del paladar, y por una vez no ver sangre que abrase mi gula y me desconcentre del sueño¡, ¡qué placer sentir todo mi peso reposar sobre sus corazones de piedra como sobre una alfombra de lana cuando lo que me rodea me acecha!, ¡qué placer poder soñar y estar despierta a la vez!

2 comentarios:

Sergio Aguilar Molina dijo...

Tengo que confesarte que a veces me pierdo: me desoriento en ese mar de sensaciones que evocas.
Entre lo solemne, lo íntimo, lo críptico y lo simbólico: así cabalga tu relato, en un equilibrio que no me deja saber que rumbo tomará.
Pero aun no es tiempo de revelaciones.

Dea Verónika dijo...

Es que a veces se me va un poco la olla y me pierdo yo sola