DEA VULNERATA UT SANGUINIS PAPISA HOMINIS MENTE REGNABIT (S. MALAQUÍAS)

martes, 3 de julio de 2007

Al borde del agotamiento suspiraba profundamente: ¡más luz de luna fría para que mis animales vivan un poco más ¡ y me bebía entera su luz por la boca, por los ojos, apurando cada sorbo con más avidez que el anterior, respirando el último soplo blanco que aquella noche dejaba suspendido en la humedad del aire: pero toda tú, húmeda de lluvia, no eras suficiente para saciar mi sed. El frío me hacía tiritar y la sangre bailaba rítmicamente en los recovecos de mi cuerpo, entre los finos senderos de vello rubio, los animales se contorsionaban y los dibujos más fluidos se derramaban como agua por mis caderas. El el ojo de Pavlov se estaba manchando de polvo y me desagradaba tocarlo , entonces me sorpendió un sol, dulcemente dorado y plácido, extenuadamente blando por la tormenta de la noche anterior, que aparecía en plenitud roja, detrás de las murallas de Ninive. La luna, una moneda polvorienta hecha de esterilla y barro, se impregnó de sol amarillo y naranja de parte a parte. Durante unos minutos convivió con el sol en el mismo espectáculo de luz para luego desaparecer; la negra sangre marchita derramada por mi cuerpo contrastaba con la blancura de mi piel bajo la primera luz del día y el sol doró a los animales de azabache rojo disecado.



Una sirena ululaba a lo lejos, olisqueaba la calle, subía reptando y llegaba a los alerones de los edificios mientras las luces de los faros hociqueaban el asfalto y rebotaban contra la niebla de las farolas que empezaban a apagarse. En el mundo no había más que un ñi insistente agonizando contra los cristales, aplastado contra los muros de los edificios, coleando ¡zas¡, ¡zas¡, contra los edificios, como la cola cortada de una lagartija ...



El demonio burlón, rojo y enano estaba empezando a aburrirse. Había cogido una cucharilla de café y se entretenía golpeando la campana de porcelana que protegía mi cabeza. Sonaba un goinggg.. amortiguado como el zumbido intermitente de una mosca atontada por un manotazo. Sin embargo a pesar de los esfuerzos del demonio burlón, rojo y enano yo no quería abandonar esta alucinación, me aferraba a ella como cuando de madrugada los sueños me clavaban y desenclavaban a la cama. La delicada porcelana aislaba mi mente de la realidad, no es que no lo agradeciese pero lo mejor hubiera sido romperla yo misma y desempolvar de una vez mi vicio de asesina



Un coche de bomberos pasó a toda velocidad calle abajo, dejando tras de sí un traqueteo chirriante y metálico que arañaba los dientes por dentro, muy cerca del nervio, despegaba los cristales de la masilla y los hace trepidar en la atmósfera rancia de la oficina de correos. El suelo subía y subía bajo nuestros pies y todos mordíamos el mismo cuchillo de ruido que dividía el sopor en dos.







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