DEA VULNERATA UT SANGUINIS PAPISA HOMINIS MENTE REGNABIT (S. MALAQUÍAS)

sábado, 22 de septiembre de 2007

a pierna izquierda y busqué a tientas el pie del espejo roto. Rastreé la alfombra, llegué a sus límites, estiré más la pierna, el suelo estaba helado, abrí un poco más la pierna, di con la pata del armario, la rodeé con la punta de los dedos, retrocedí, apoyé por completo la planta del pie, el talón resbalaba sobre la pringue de la madera, subí más la rodilla, estuve unos minutos con la rodilla doblada calentándome la planta, volví a estirar la pierna abriéndola un poco más, me corté con un cristal, me alejé de esa zona hacia la izquierda, tropecé con la pared, volví hacia la derecha, dejé la búsqueda de la pierna derecha por imposible, flexioné ligeramente la pierna izquierda, el talón tropezó con algo. Era blando, redondo y gelatinoso, ¡ah, ya caigo, el ojo de Pavlov!. Levanté el pie y lo metí bajo el puente. Parecía unan marioneta haciendo un guiño. Lo aplasté, el tejido era elástico, soportaba bien la presión y me relajaba. Después lo empujé rodando hacia delante, lo enganché por el nervio ayudándome del pulgar, puse los brazos debajo de la cabeza a modo de almohada e hice que me mirara. Lo sacudí con genio, ¡qué gracia!, hacia los lados ¡dingili-din¡, una volterelta, ¡gi-gigí!; ¡dingilin-din, gi-gigí..., hacia delante y hacia atrás... cucú, cucú!, dingili-din gigí.. cucú¡.. ja, ja, ja....
Creo que le daré alguna utilidad antes de que comience a apestar, le inyectaré líquido de rotulador o alguna solución fluorescente y lo colgaré de la lámpara del cuarto de bañó. Así recordaré que una vez tuve un perro que se llamaba Pavlov, al que maté porque me aburría, un crimen fantástico, algo fuera de lo normal, que sólo podía ser obra mía y si me propongo un análisis más minucioso de este acto, con visos de artista incluso, porque al fin y al cabo necesito mantener viva mi llama, pues, ¿quién soy yo?, ¿quién soy yo?, repetía en voz baja incesantemente, como si hablara con el ojo mientras no podía para de zarandearlo atenazada por una locura perversa. La respuesta llegó a mi mente cuando el frío paralizaba a todos mis animales que abandonando lentamente su fluidez observaban fijamente mi loco juego:¡yo soy la actriz más rutilantemente blanca de la pantalla en blanco y negro, de genio más perturbadoramente avasallador, de virtudes impenetrables tras grises ojos de armiño, de vivos defectos paroxísticosm incontrolables cuando miradas ajenas .....