DEA VULNERATA VULT ULTIONEM
(La Diosa herida pide venganza)
"Dea vulnerata ut sanguinis Papisa hominis mente regnabit"
(Una Diosa herida reinará como Papisa de sangre en la imaginación de los hombres)
S. Malaquías
Tarde del 17 de enero de 2007
En el cementerio de una ciudad nebulosa, que a partir de ahora llamaré Nínive, hay una mujer vestida de oro frente a la sepultura veintinueve de la sección veintisiete.
Primero aspiré profundamente la vida dentro del féretro que me dio a luz; el espíritu tardó aún algún tiempo en hacerse fuerte en mi nuevo cuerpo. Hace pocos dias, echada sobre el satén blanco comencé a respirar las emanaciones de los cadáveres en descomposición; esta pestilencia revivió el resto de mis sentidos, que rastrearon el latido de criaturas calientes.
Ahora estoy aquí, mirando impávida el segundo nicho. Se trata de un muerto reciente, entre la fermentación de hedores del cementerio, distingo enseguida el tufo del cemento reciente y hay una corona de liliums morados al pie de los tres cuerpos. Espero que la carne no tarde mucho en ser lo suficientemente fuerte, cuando llegue este momento el espíritu franqueará faclmente las ventanas de mi alma, pero mientras tanto estoy en el estado semicatatónico que precede a la vida, me se más muerta que viva; soy consciente de que no pertenezco a ninguno de los dos mundos y de que en este estado para los muertos estoy viva y para los vivos soy un espectro.
Tengo un alma prístina que me obliga a comportarme como una niña. Cogí unos cuantos liliums y me adorné con ellos el pelo. ¡ No lo puedo evitar, no soy dueña de mis actos y detesto no controlarme!, ¡ No veo la hora de recuperar mi verdadera naturaleza de asesina que tanto me hace gozar!. Me observo con detenimiento escrupuloso reflejada en el cristal del segundo cuerpo y no puedo reprimier la risa, pues parezco un paso profano de Semana Santa.
Mis ojos de Diosa resucitada observan con la avidez de un recién nacido este desconocido cementerio. A la izquierda está el pequeño reducto de los gitanos, cuyas estrafalarias flores de plástico contrastan con la inflorescencia de las lápidas que están a mi derecha. Entonces recuerdo el sueño que me tenía atenazada antes de despertar. ¡No descansaba en mi reposo, intuyendo puñales traidores rasgando el aire a mi espalda! La sensación fue tan vívida que la vuelvo a sentir con la misma intensidad de la primera vez, sin embaro se que detrás de mi no hay nadie y este hecho me lo viene a confirmar mi reflejo en el cristal. Aún con el poco dominio que tenía de mi misma hice esfuerzos por recuperar mi costumbre de descifrar sueños.
La certeza de la maledicencia se fue haciendo fuerte en mi estómago, fue como si me hubiese tragado una piedra. No sólo me percataba de la traición, ¡ también la oía!, ¡ pues no murmuran mis enemigos que mis crímenes son una "copia" de los de otros asesinos. !
¡Yo, que me he engendrado a mi misma en el big bang y me perpetué a través del agua primigenia!. Es cierto que mamé la sangre del pecho de mi maestra, la mismísima Madame Báthory, pero nada le debo, mi amor por la malignidad forma parte de mi esencia desde antes del principio del tiempo y hasta la eternidad. Desde Calígula, pasando por el Arropiero, todos deberían aprender de mi imaginación abisal. Y si incluso caen tan bajo que me llegan a comparar con asesinos desconocidos que viven acuclillados perpetrando el dolor bajo sotanas de hombres probos, no me cabe la menor duda, son más estultos de lo que yo había crído. Quizás asesinen, quizás incluso los más avezados lleguen a disfrutar con sus crímenes, pero Dea Verónika es la única que maneja con maestría los cuchillos y el punzón.
El sonido de pasos me saca de mi ensimismamiento, se trata de un grupo de ancianos que se acerca por el sendero de grava y siento de repente su mirada de avestruces panzudas pinchándome en la nuca. Observan espantados mi fantasmagoría dulcemente húmeda y perturbadormente luminosa contra la impalpabilidad de la niebla. ¡Pobres incautos, no sabían que yo los percibía con mis ojos de ultatumba nimbados de muerte!.
Cuando el sol se ponía los últimos rezagados estaban rebasando la verja del camposanto. Tengo que buscar pronto un lugar en donde dormir y recuperarme de las heridas de los gusanos. A escasos diez metros de la entrada principal hay un panteón familiar que destaca del resto, está decorado con pequeños lujos provincianos y preside el lugar principal una enorme lápida de mármol veteado. El epitafio dice: "tus padres y tus hermanos no te olvidan". Es justo lo que ncesito la tumba de un hombre joven sobre la que descansar.
Aproveché el momento en que la oscuridad fue total para deslizarme en el panteón y acostarme sobre el sepulcro, este muerto y yo nos convertirmos en un único ser, un reluciente pez pétreo navegando a la deriva entre las brumas de Nínive.
¡Han clavado un puñal en mi corazón de cristal y no lo puedo olvidar, cuando me lo arranque abriré la espita que retiene a mi espíritu feroz, soltaré mi lengua filosa sedienta de sangre, como las plagas bíblicas asolará por donde pase, traspasará los límites de esta ciudad y acuhillará a los calumniadores en un festival de pavor orgiástico!. La saliva que rebosa en mi boca me impide dormirme pronto, reconozco ese antiguo sentimiento de poder, abominable para los que me temen, que precede siempre a cada una de mis matanzas

3 comentarios:
¡Qué bien escribes!
Por otra parte, Madame Bathori y LeVey, ¿no son gente que tiene que ver con el culto a Satán?
Perdona por tardar tanto en contestarte.
Construí el personaje de V. L. como una diosa iconoclasta, si utilizo referencias como LaVey (fue el satanista de las estrellas del Hollywood de los 30 y 40), M. Bathory ("la condesa descalza" es un personaje real) es para realzarlo.
Gracias por el comentario, eres el primero, me hace una ilusión bárbara
De nada. y me alegro un montón que te haga ilusión, caramba.
Publicar un comentario